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Monday, November 28, 2005
CUANTAS BOTELLAS, PROFESOR
Marino Zapete Corniel
Tenía sobrada razón quien se inventó la frase
popular una cosa es con violín y otra cosa es con
guitarra. Y si alguien tiene alguna duda, sólo debe leer
los siguientes fragmentos del discurso pronunciado por el Presidente
Leonel Fernández el 16 de agosto del 2004, cuando se
juramentaba en el Congreso Nacional.
El próximo gobierno está compelido a tomar un
conjunto de acciones, entre las cuales, la más importante, tal
vez, sea la de decretar que a partir de este mismo instante iniciamos
un período de austeridad. Esa austeridad significa poner todo
el empeño para reducir en no menos de un 20 por ciento el
gasto del Estado.
Hay muchos cargos públicos en exceso, creados mediante
la tradicional práctica corrosiva de clientelismo o bien
producto de las duplicidades de funciones dentro de nuestro aparato
burocrático estatal. Esos serán suprimidos.
Soy de los que creen, con absoluta firmeza y convicción,
que las oportunidades de empleo tienen que ser iniciadas,
fundamentalmente, en el sector privado, que es el gran creador de la
riqueza nacional. La función del Estado, entre otras, debe ser
la de hacer posible el cumplimiento de ese propósito.
Termina la cita.
A un año y tres meses de aquel discurso, aplaudido por
millones de dominicanos, puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que
el presente gobierno es uno de los más clientelistas de la
historia, en lo referente al uso de recursos del Estado para pagar
sueldos a personas que no rinden ningún servicio a la
administración pública.
La incoherencia entre el discurso del Presidente Fernández y
la práctica de su gobierno en materia de austeridad se hizo
evidente a pocos días de iniciada su gestión, cuando
lejos de reducir los cargos inorgánicos, aumentó
significativamente el número de secretarios de Estado sin
cartera, subsecretarios, asesores del Poder Ejecutivo, subdirectores
generales, vicecónsules y demás yerbas.
Pero las cosas no terminan ahí. Seis meses atrás, el
Presidente Fernández se dejó convencer de que
debía nombrar como inspectores, con sueldos de 20 y 15 mil
pesos mensuales, a todos los activistas nacionales y presidentes de
los comités municipales e intermedios del partido oficial que
no tuvieran un empleo. El número se aproxima a los 10 mil
dirigentes, que los días 25 de cada mes acuden a distintas
instituciones públicas a buscar sus cheques sin dar un golpe.
La situación ha llegado a nivel de escándalo en los
últimos dos meses, cuando el gobierno dispuso asignar sueldos
de RD$3,800 mensuales a un promedio de 70 mil presidentes de
comités de bases del Partido de la Liberación
Dominicana en todo el territorio nacional, pagaderos a través
de las gobernaciones provinciales. Para cobrar su botella, la
única condición es que el beneficiario no sea empleado
del gobierno.
Para crear esta constelación de botellas moradas,
se ha argumentado que esos compañeros están
en pésimas condiciones económicas, fruto de la alta
tasa de desempleo que afecta al país y a la crisis en que el
gobierno pasado sumergió a las familias dominicanas.
Y yo me pregunto: ¿ a caso la crisis económica afecta
sólo a los peledeístas? ¿Es justo utilizar los
recursos de todo el pueblo para privilegiar a unos cuantos por el
simple hecho de pertenecer al partido de gobierno ? ¿ Está
el gobierno del Presidente Fernández al servicio exclusivo de
los miembros del PLD ? ¿ no sería más honorable,
justo y honesto poner a esos dirigentes a prestar algún
servicio al pueblo ?
No entiendo cómo es posible que en tan poco tiempo los
peledeístas se hayan olvidado de la acritud con que
denunciaban el clientelismo del gobierno de Hipólito
Mejía, comenzando por el Presidente Fernández.
Habiendo sido alumno del Presidente Fernández y conociendo su
claridad de pensamiento, no entiendo cómo es que se ha
convencido de que tiene sentido mantener una práctica tan
nociva para el desarrollo de un país, como lo es el
clientelismo y el privilegio a favor de un pequeño grupo, en
detrimento de la mayoría de la población.
Cuantas botellas, profesor. Esas botellas moradas nos
confirman que la diferencia se perdió. Que el discurso de
austeridad, de justicia, de equidad, de ideas nuevas, de eficiencia y
de respeto a todos por igual, sólo discurso es. Y que tienen
razón los que afirman: una cosa es con violín y
otra cosa es con guitarra
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