EL PRD, EL TAXISTA Y LA BRUJERÍA

Acusados

Dirigente Perredeistas

Cargos en Su Contra

Una banda de populistas, mentirosos e inescrupulosos

Feb 05, 2004

EL PRD, EL TAXISTA Y LA BRUJERÍA

Marino Zapete C.

Recientemente, llamé a una base de taxis en la ciudad de Nueva York, para solicitar un servicio de transporte. Pedí, por favor, que el taxista fuera dominicano. Siempre prefiero lo mío, aunque algunos piensen que no es bueno. Además, tengo el prejuicio de que los taxistas “amarillos” cobran más caro y discriminan a las minorías. Aunque muchos de ellos pertenecen a las minorías.

Inmediatamente abordé el carro, el taxista comenzó a hablar. Preguntó por mi nombre y cuando me identifiqué, se detuvo bruscamente para mirarme a la cara. Me dijo: “si usted es Marino Zapete, el periodista que Hipólito trancó, lo llevo gratis donde usted vaya”. Obviamente, le agradecí el gesto, pero no acepté su generosa oferta.

Desde que reinició la marcha, me dijo que estaba convencido de que al Partido Revolucionario Dominicano le había caído una maldición, un hechizo o una especie de brujería. “Ese partido es una cosa mala”, me dijo.

Trasladándose a una velocidad muy lenta, como si no quisiera llegar, el conductor me hizo un resumen apretado de algunos de los acontecimientos más relevantes ocurridos en las ocasiones en que el PRD ha ocupado el poder.

“Recuerde que en el 1963, cuando Juan Bosch llegó a la presidencia, a los siete meses le dieron un golpe de estado. Ese gobierno era del PRD”.

A seguidas me preguntó: “usted no se acuerda lo que pasó con don Antonio Guzmán, que se suicidó antes de terminar su gobierno, porque sus propios compañeros de partido no lo dejaban tranquilo”.

Sin esperar ningún comentario, añadió:“ acuérdese del granadazo de Sánchez Baret en la Junta, de la balacera del hotel Dominican Fiesta y de los siete perredeístas que mataron en la Plaza de la Bandera”.

Como si temiera que el tiempo se le terminara antes de probar su teoría de que el PRD tiene un maleficio, el taxista siguió preguntándome si había olvidado que otro presidente perredeísta, el doctor Salvador Jorge Blanco, fue condenado a 20 años de prisión por actos de corrupción.

Cuando parecía que la memoria del taxista se agotaba, decidí ayudarle a recordar parte de las diabluras que ha vivido el país en manos de los perredeístas. Le recordé que durante el gobierno de Jorge Blanco hubo dos senados, con dos presidentes: Tavárez Areché, de Higuey, y Suberví Espinosa, de Barahona.

También le recordé que fue el PRD quien modificó la Constitución para prohibir la reelección a Balaguer, y ahora la ha vuelto a modificar para permitir la reelección a Hipólito Mejía.

Le recordé que el PRD es el único partido dominicano que tuvo que inventarse el denominado “dos y dos”, una fórmula ilegítima que obligaba a los senadores y diputados electos a renunciar a los dos años para colocar en su lugar a otro perredeísta, ante la ambición desmedida de los miembros de esa organización.

También le informé que los perredeístas dividieron la capital en dos provincias, para poder nombrar gobernadores, y crearon decenas de municipios y distritos municipales para nombrar como síndicos a una parte de su clientela.

Le recordé que fue un gobierno perredeísta quien más dominicanos y dominicanas asesinó durante una protesta popular y que han sido sus gobiernos los responsables del mayor endeudamiento externo que recuerde el país.

Cuando llegaba a mi destino, no quería bajarme del taxi, porque todavía me faltaba decirle al taxista que ahora los perredeístas, por la ambición que les caracteriza, no han podido elegir un candidato para las próximas elecciones, y han tenido el descaro de tratar de modificar las reglas del juego para llevar a cinco aspirantes. Qué asco.

Finalmente, le dije al taxista: yo no creo que al PRD le haya caído ninguna brujería. Según veo las cosas, lo que ocurre es que se trata de un partido dirigido por una banda de populistas, mentirosos e inescrupulosos, cuyo único interés es convertir el patrimonio de todo el pueblo en su propiedad privada. Creo que para los dominicanos, lo mejor que podría pasar es que ese partido se disuelva.

Le pagué 15 dólares, que multiplicados por 50 son 750 pesos, y me bajé del taxi con la sangre caliente en medio del intenso frío neoyorkino.

zapecorniel@yahoo.es

 

 

 

 

 

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