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Acusados |
(1) Superintendetes de Bancos
(2) Superintencencia de Banco. |
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Cargos en Su Contra |
(1) Ladrones
(2) Complices |
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PUBLIQUEN LAS AUDITORÍAS A LOS BANCOS
Marino Zapete C.
SANTO DOMINGO.- En los últimos días, los dueños
de este pedazo de isla han denunciado una supuesta
campaña de rumores aviesos, malignos y perversos
contra la buena honra de la banca dominicana.
Durante la última semana no ha faltado un instrumento del
sistema que no se haya expresado públicamente contra de la
supuesta trama.
Se argumenta que personas inescrupulosas ponen a circular
falsos rumores, con fines inconfesables. Hay quienes llegan al
extremo de atribuir la supuesta campaña a bancos extranjeros,
interesados en desplazar a los bancos locales.
Se ha dicho que la mayoría de los bancos del país son
sanos y bien administrados, y que sólo aquellos que han
quebrado violentaban las normas y regulaciones de la Superintendencia
de Bancos.
En ese carnaval de pronunciamientos han participado los propios
banqueros y sus dirigentes, líderes de la iglesia
católica, los medios de comunicación de los bancos y
del gobierno, economistas distinguidos, programeros de
radio y televisión, opinadores independientes y
muchas otras yerbas.
Incluso, leí que el superintendente de Bancos, Julio Cross,
declaró en Miami que según los resultados preliminares
de las denominadas auditorías asistidas, que no
han concluido todavía, la banca dominicana es sólida y
que no se han detectado irregularidades.
He visto a ciertos personajes de la televisión y he escuchado
a otros de la radio decir que deberían estar presos los que
cuestionan pública o privadamente la credibilidad de la banca dominicana.
Al parecer, en este país hay personas que pierden la memoria
con una rapidez asombrosa o son extremadamente sinvergüenzas.
Recuerdo los insultos y amenazas que se profirieron contra quienes
advirtieron sobre la fragilidad del Banco Intercontinental, de
Bancrédito y del Mercantil, hace apenas unos meses.
Después de lo ocurrido con esos bancos, no creo que haya moral
para querer obligar a los dominicanos a creer ciegamente en nuestros
banqueros. Tampoco tenemos razones valederas para creer en las autoridades.
Cualquiera se preguntaría: ¿dónde estaban las
autoridades monetarias y la Superintendencia de Bancos cuando un
pequeño grupo de ladrones de apropió de los casi 100
mil millones de pesos que ahora está pagando toda la población?
¿Dónde están ahora los funcionarios que
debían aplicar las normas prudenciales y demás
reglamentaciones a los bancos que usaron indebidamente los dineros de
los ahorrantes?
¿Dónde están y cómo viven muchos de los
honorables ejecutivos de los bancos quebrados y
quién le responde a la población por la caída
del valor del peso y por la miseria que la azota?
Para esos banqueros ladrones y para sus cómplices, tanto en el
gobierno como en la sociedad toda, lo más fácil es
satanizar a los pocos periodistas que tienen la dignidad y el valor
de denunciar la desvergüenza y el fraude de ciertos miembros de
la clase dominante.
Yo me pregunto, por qué ciertos líderes de la iglesia
católica, ciertos medios de comunicación, ciertos
opinadores independientes, y ciertas autoridades
monetarias y financieras, se empeñan en cargar el
descrédito de la banca dominicana sobre las personas equivocadas.
Me pregunto por qué razón, todas esas personas y
sectores no forman un coro de voces para exigir, a todo pulmón,
que nadie vaya a quedarse calladito con los resultados de las
auditorías que se realizan a la banca.
Si es cierto que la banca dominicana es sana y se ha manejado con
estricto apego a las normas, no creo que en este país haya un
solo insensato que tenga objeción alguna a la
publicación de esas auditorías.
El señor Julio Cross, superintendente de Bancos, se ha vendido
ante la población como un hombre correcto. Y un hombre
correcto no privaría a todo un pueblo de su derecho a saber
cuál es la garantía que tiene al guardar su dinero en
un banco. Yo espero que él publique esas suditorías.
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